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Erase and Rewind

Muchas veces dejo pasar la ocasión de postear un nuevo artículo por la simple razón de que no quiero dedicar media hora a escribir algo que  a menudo me sabe a refrito.

Y es que hace ya tanto tiempo que hablamos de crisis, de agotamiento de modelo económico y social, de regeneración política, de decrecimiento y demás que, al final, uno tiene la sensación de vivir en un bucle temporal y mental del cual es muy difícil escapar.

Ayer, por ejemplo, viendo el programa Singulars, del C33, volví a tener esta sensación de déjà-vû, escuchando por tercera vez a Edward Hugh diciendo poco menos que lo mismo y en el mismo plató. recitando las mismas letanías estadísticas, los mismos datos. las mismas razones…

Claro que también puede ser que el estrecho de miras sea yo y que esté siempre enfocando los problemas de la misma manera, viéndolo todo por el mismo costado.  Podría ser, claro que sí.  De hecho voy a acabar este cortísimo artículo pegando la letra de una canción de los Cardigans que en su momento, hace unos 13 años, tuvo una gran pegada pero que, escuchándola hace poco en el coche, me pareció que podría convertirse en un buen himno decrecentista.

Pego la letra y ya dejo de desvariar:

Hey, what did you hear me say?
You know the difference it makes
What did you hear me say?
Yes, I said it’s fine before
But I don’t think so no more
I said it’s fine before
I’ve changed my mind
I take it back
Erase and rewind
‘Cause I’ve been changing my mind
Erase and rewind
‘Cause I’ve been changing my mind
I’ve changed my mind
So, where did you see me go?
It’s not the right way, you know
Where did you see me go?
No, it’s not that I don’t know
I just don’t want it to grow
It’s not that I don’t know
I’ve changed my mind
I take it back
Erase and rewind
‘Cause I’ve been changing my mind
Erase and rewind
‘Cause I’ve been changing my mind
Erase and rewind
‘Cause I’ve been changing my mind
Erase and rewind
‘Cause I’ve been changing my mind
Erase and rewind
Erase and rewind
I’ve changed my mind

Condenados a decrecer

Antonio Turiel es investigador del instituto de Ciencias del Mar del CSIC. En este vídeo, del programa Singulars de ayer en el C33, nos advierte de que el crecimiento no va a volver a producirse y que el peak-oil, así como el de otras commodities, está muy cercano.

El mejor programa de lo que llevamos de temporada, que no es mucho todavía, pero será difícil superarlo.

Paisajes aberrantes

Autor: Suricato,
 (http://innovacionydecrecimento.blogspot.com.es/)
 En la portada y contraportada de un interesantísimo libro, publicado por ICARIA cuyo subtítulo es: “Cómo las corporaciones controlan los alimentos, acaparan la tierra y destruyen el clima”, aparece un campo de monocultivo de soja transgénica en Brasil. En medio de una tierra rojiza e inacabable aparece un solitario nogal superviviente de la devastación, mientras un tractor rocía insecticida. Es un paisaje industrializado, es decir, desolado, triste, monótono. Es un paisaje aberrante producido por intereses económicos aberrantes.

La palabra aberrante viene del verbo aberrar  que, a su vez, viene del latín aberrare, formado del prefijo ab (separación del exterior de un límite) y el verbo errare (vagar, faltar, errar). Entonces, “aberrante” significa, aproximadamente, “el que vaga y se aleja”. Es decir, significa desviarse, salirse de lo normal. Pero hay desviaciones buenas, creativas, éticas  y desviaciones malas, egoístas e inmorales. Un cultivo de soja transgénica es una desviación mala: se desvía de los intereses y del bienestar de las mayorías. Es una práctica racional y perversa dirigida a destruir, es una aberración.

¿Porqué una aberración contra la naturaleza, es aceptada, promovida, difundida y financiada?  ¿porqué se entiende como un triunfo de la ciencia y la tecnología? ¿porqué una aberración de esta magnitud se considera normal y beneficiosa? ¿Porqué se acepa que  una empresa llamada Monsanto haga lo siguiente: fabrica un herbicida, el glifosato, el herbicida más utilizado en la industria de la soja. Su nombre comercial es Roundup.  Monsanto, también se encarga de venderle las semillas de soja que el agricultor tiene que sembrar. Pero no es cualquier semilla: tiene un nombre y una patente: “soja RR” que quiere decir, soja resistente al Roundup. Este agrotóxico se rocía de manera masiva e indiscriminada sobre los campos de cultivo. Las plantas y todos los seres vivos lo absorben y, en pocos días, se muere todo excepto la soja modificada transgénicamente…Brillante ¿no? ¡Cuánta inteligencia comercial, cuánta tecnología, cuánto esfuerzo humano puesto al servicio de una aberración!

El monocultivo intensivo de soja acaba con toda vida animal y vegetal, que antes llenaba ese hábitat, arriesgando la salud de los agricultores pobres, destruyendo su soberanía alimentaria, haciéndolos dependientes de las lógicas productivas de las grandes corporaciones agroalimentarias y condenándolos al hambre. Un mundo aberrante, una ética aberrante, un destino aberrante para todos.

Fotografía: armadillos muertos por efecto de los agrotóxicos en Uruguay.

Decrecimiento o muerte

Los cientos de miles de seguidores de este blog habrán reparado en que, hace ya un tiempo, me dedico a fusilar artículos, comentarios y hasta conversaciones privadas de otra gente y reproducirlos aquí. Cuando todo está dicho, uno tiende a repetirse, algo que no me gustaría en absoluto.

A raíz de la lectura de un artículo de EuropaPress, no me queda más remedio que volver a incidir en la acuciante necesidad de decrecimiento económico, algo que, en la esfera individual y por aquello del pensamiento contradictorio, nadie desea. Por resumirlo de alguna manera, un grupo importante de científicos de primera fila se han mostrado muy preocupados por la posibilidad de colapso de la Tierra si no invertimos los parámetros de crecimiento actuales.

Todavía hay quién piensa que la sostenibilidad es la clave que permite combinar crecimiento y salud ecológica. Por desgracia, nada es tan fácil. Como ejemplo tomemos una botella vacía en la que depositamos dos bacterias. Cada minuto que pasa su número se dobla y llegará a estar colmada de ellas al cabo de una hora.La pregunta es muy fácil: ¿cuanto tiempo pasa desde que la botella está medio vacía de bacterias hasta que está rebosante de ellas?

Por pura lógica: en el minuto 59, la botella se hallaba a la mitad de su capacidad, mientras que en el 60 está repleta y antes de llegar al 61 ha estallado en mil pedazos.

El gran Asimov anteponía el problema demográfico a los Derechos Humanos y otras sosainas colectivas en su Metáfora del cuarto de baño. Un ejemplo prosaico pero que bastó para que, desde activistas cristianos hasta los liberaloides, le tuvieran en el punto de mira de sus obsesiones:

Finalmente, reproduzco el artículo antes citado:

MADRID, 6 Jun. (EUROPA PRESS) –

Un total de 18 científicos de todo el mundo han predicho un colapso planetario inminente, calculado mediante teorías científicas, la modelización de ecosistemas, y la evidencia paleontológica.

En el artículo, publicado en ‘Nature’, los autores sugieren que las fluctuaciones cada vez más extremas que afectan a la biodiversidad de la Tierra, los cambios climáticos que sufren los ecosistemas, y el presupuesto disponible ante el cambio radical de las fuentes de energía, están conduciendo el estado planetario a un punto de inflexión.

Según han señalado, el último punto de inflexión en la historia de la Tierra se produjo hace unos 12.000 años, cuando el planeta pasó de la época de los glaciares, a su estado interglacial actual. Una vez que se alcanzó el punto de inflexión, los cambios biológicos más extremos que condujeron a nuestra situación actual tuvieron lugar en tan sólo 1.000 años, según ha explicado uno de los autores, Arne Mooers.

Mooers afirma que “en estos momentos, el próximo cambio del estado global será muy perjudicial para nuestras civilizaciones y, una vez que un cambio planetario se produce, no hay vuelta atrás”. Estas proyecciones contradicen la creencia popular de que el hecho de que las presiones antropogénicas, tales como el cambio climático, estén destruyendo nuestro planeta, son todavía discutibles, y que cualquier desastre sería gradual, y tardaría siglos en ocurrir.

Este estudio concluye que es mejor no superar la marca del 50 por ciento de la transformación total de la superficie de la Tierra, porque, de no ser así, no podremos retrasar ni evitar el colapso planetario. Ya hemos alcanzado la marca del 43 por ciento, lo que hace que el medio ambiente de la Tierra sea cada vez más susceptible a una epidemia.

“En pocas palabras, los seres humanos no han hecho nada realmente importante para evitar lo peor, ya que las estructuras sociales necesarias para ello no existen”, ha afirmado Mooers.

La utopía frugal. Entrevista a Serge Latouche

Un cierto modelo de sociedad de consumo se terminó. Ahora, el único camino hacia la abundancia es la frugalidad, pues permite satisfacer todas las necesidades sin crear pobreza y la miseria. Es una tesis provocativa de Serge Latouche, profesor emérito de ciencias econónicas en la Universidad de Paris-Sud, universalmente conocido como el profeta del decrecimiento feliz.

Entrevista de Niola Marino, publicada en el diario La Repubblica. Traducida al castellano por Antonio García.

 

¿Qué es la abundancia frugal? Dicho esto, parece un oxímoron.

Yo hablo de la” abundancia “en el sentido dado a la palabra del gran antropólogo norteamericano Marshall Sahlins en su libro “Economía de la Edad de Piedra”. Sahlins demuestra que la única sociedad de la abundancia de la historia humana era la del paleolítico, porque en aquellos tiempos los hombres tenían pocas necesidades, y podían satisfacer todas sus necesidades con tan sólo dos o tres horas de actividad al día. El resto del tiempo lo dedicaban al juego, a la fiesta, y a estar juntos.

¿Esto significa que el consumo no propicia la abundancia?.

En realidad, precisamente porque en una sociedad de consumo como la nuestra no puede ser una sociedad de abundancia. Consumir es crear una insatisfacción permanente. Y la publicidad sirve para hacernos infelices con lo que tenemos y hacer que deseemos lo que no tenemos. Su misión es hacer que nos sintamos frustrados constantemente. Los grandes anunciantes nos están diciendo que una sociedad feliz no consume. Creo que puede haber diferentes modelos. Por ejemplo, yo no estoy a favor de la austeridad, sino de “solidaridad”, este es mi concepto clave. Que también prevé el control de los mercados y el crecimiento del bienestar.

¿Debido a que define a Joseph Stiglitz como una alma bella?.

Stiglitz preconiza una idea keynesiana que estaba bien en los años 30, pero ahora, en parte debido a la sobreexplotación de los recursos naturales, parece poco práctico. Después de la postguerra, Occidente ha experimentado un aumento sin precedentes en el bienestar, basada principalmente en el petróleo barato. Pero a partir de los años 70 el crecimiento es una ficción. Ciertamente, el PIB aumentó, pero gracias a la especulación financiera e inmobiliaria. Una ‘edad de oro’ que nunca volverá.

¿También es el caso de Italia?.

Ciertamente, el auge económico italiano de la posguerra se debe principalmente a la talla de Enrico Mattei, que fue capaz de darle a su país, el petróleo que no tenía. Fue un milagro. Y los milagros no se repiten.

Los sacrificios que los gobiernos europeos, entre ellos el italiano, están pidiendo a los ciudadanos, ¿Servirán para algo?.

Desafortunadamente, los gobiernos son a menudo incapaces de dejar el viejo software barato. Así que intenta a toda costa prolongar la agonía, pero esto, lo saben, no hace más que crear la deflación y la recesión, lo que agrava la situación hasta el momento en que vaya a explotar.

Usted define la sociedad occidental como la más heterónoma de la historia humana. Sin embargo, es común pensar que garantiza al máximo la autonomía democrática. ¿Quién decide por nosotros?.

De hecho, todos estamos sujetos a la mano invisible del mercado. El ejemplo emblemático es Grecia: las personas no tienen el derecho a decidir su destino, ya que es el mercado financiero, quien lo escoge. Más que autónoma, nuestra sociedad es individualista y egoísta, pues no crea a sujetos libres sino consumidores forzados.

¿Cuál es el papel de la generosidad y la convivencia en una sociedad de decrecimiento?.

La alternativa al paradigma de la sociedad de consumo, basado en un crecimiento ilimitado, es una sociedad de convivencia, que ya no esté sometida a la ley del mercado único, que destruye la raíz del sentimiento del lazo social que es la base de toda sociedad. Como lo demuestra el antropólogo Marcel Mauss, para el cual ‘el origen de la vida en común, es el espíritu del don, la trilogía inseparable de dar, recibir, y cambiar’. Por lo tanto, tenemos que recoger los pedazos de la sociedad posmoderna con el pegamento de la gratuidad y el antiutilitarismo. En eso estoy de acuerdo con los exponentes italianos de economía de la felicidad como Luigino Bruni y Stefano Zamagni, que invocan la gran lección de economía civil del siglo XVIII napolitano de Antonio Genovesi.

¿Es el capitalismo el último luchador que queda en pie en el ring de la historia?.

No sé si es el último luchador, porque nunca se sabe de lo que es capaz de llegar a ser, hay peores escenarios, tales como eco-fascismo de los neoconservadores estadounidenses. Lo cierto es que estamos en un punto de inflexión en la historia. Donde una vez se dijo “o socialismo o barbarie” Yo diría que ahora “barbarie o decrecimiento”. Necesitamos un proyecto eco-socialista. Es hora de que las personas de buena voluntad se vuelvan objetores del crecimiento.

Francis Fukuyama ha reafirmado recientemente su opinión de que el modelo liberal-capitalista sigue siendo el único horizonte de la historia. Sin alternativas. ¿Qué piensa usted al respecto?.

Esto es bastante descarado. Antes se había equivocado completamente con el fin de la historia, y ahora propone la misma vieja historia. Su profecía fue anulada por la tragedia del 11 de septiembre, que ha demostrado que la historia no estaba acabada. Fukuyama llama al fin de la historia a aquello que es simplemente el fin del modelo capitalista liberal.

A los que dicen que la “abundancia frugal” es una utopía, usted responde que es una utopía concreta. ¿No es una contradicción en los términos?.

No, porque para mí la utopía real no significa algo imposible, pero es el sueño de una realidad posible. Un nuevo contrato social. La abundancia frugal en una sociedad inclusiva. Se trata de que queramos.

Fuente: http://www.decrecimiento.info/

Un tipo sensato

Una vez más, lo mejor que puedo decir proviene de otro blog. De un blog amigo que tenéis en el roll con el nombre de Innovación y decrecimiento. Nos habla de Paul Ariés, un decrecentista francés (¡y van tropecientos!) que sorprende más que por lo que dice por la claridad con que hilvana su pensamiento:

La sensatez es amiga del buen juicio y del sentido común. En general, los decrecentistas queremos decir y creemos que decimos,  cosas sensatas, aunque algunas de ellas sean paradójicas. Pensamos que hablamos una prosa sensata. Decrecer es paradójico pero sensato, o al revés.  Afirmar con rotundidad  que es imposible un crecimiento económico infinito en una biosfera infinita es sensato, o eso creemos. Ser objetores del crecimiento es un posición ética y política sensata.

Paul Ariés, decrecentista,  tal como lo vemos en los vídeos parece un tipo un poco excéntrico, vehemente y enfático, es decir, francés. Pero dice cosas sensatas, es decir, de sentido común, es decir extrañas para muchos, en fin. Veamos algunas de sus sensateces.

“El decrecimiento es una palabra “obús” que sirve para decir que la solución no está en el siempre más; en el siempre “más producción”, “más consumo”
“Hemos alcanzado los límites del planeta”
“Hoy es necesario conectar con otra manera de vivir. Otro estilo de vida social y ecológicamente responsable”
“El decrecimiento no es el decrecimiento de todo para todos, El decrecimiento debe ser necesariamente equitativo y selectivo. Los primeros que tienen mucho que ganar con el decrecimiento son los más pobres”
“Yo diría que el decrecimiento es el retorno de los que comparten y para nosotros el primero de los decrecimientos debe ser el de las desigualdades sociales”
“La gratuidad la llevamos en el corazón, es el recuerdo del paraíso perdido, del seno materno, de relaciones de amor o amistad, pero también engloba los servicios públicos y los bienes comunes”
“La gran lucha del siglo XXI no será por el poder adquisitivo sino por defender y extender  la esfera de la gratuidad”
“(Pero no la gratuidad de todo) organicemos la gratuidad del buen uso, junto al encarecimiento, incluso prohibición del mal uso. ¿Porqué pagar al mismo precio el agua para limpiar  que el agua para llenar una piscina privada? Y esta lógica vale para la energía, para los desplazamientos”
“La crisis medioambiental hace inaplazable la gran cuestión histórica que es la cuestión del reparto. Y esa es la cuestión por la cuál el discurso del decrecimiento no es un discurso para “llamar a la responsabilidad” y menos un discurso de culpabilización. El objetivo es suscitar el deseo, promover en la gente ganas de cambiar y eso requiere demostrar que vivir de otra forma es posible y requiere  descolonizar nuestro imaginario”
“Einstein decía que cuando uno tiene la cabeza en forma de martillo ve todos los problemas en forma de clavo. Mientras tengamos la cabeza formateada por los economistas, sean de izquierdas  de derechas, siempre buscaremos la solución al conjunto de los problemas en el “siempre más”. Esto nos llevará hacia el muro, en el plano social, en el plano medioambiental, en el plano humano”
“Nuestra sociedad se ha zambullido totalmente en la desmesura. Hemos  perdido la capacidad de ponernos límites. Cuando un individuo es incapaz de ponerse límites los buscará en lo real: en el desarrollo de conductas de riesgo, en las toxicomanías, en el suicidio. Y cuando una sociedad como la nuestra es incapaz de ponerse límites también va a buscarlos en lo real: en el calentamiento global, en el agotamiento de los recursos, en la explotación obscena de las desigualdades sociales””Por lo tanto, la gran cuestión del siglo XXI  es reconectar con la capacidad de ponerse límites y para eso hay que olvidarse del economicismo, de esa idea de que “más” significará necesariamente “mejor”. Dejar el economicismo para reconectar con la cultura, porque la cultura es lo que nos inmuniza contra los fantasmas más arcaicos: el culto a la omnipotencia, la idea de un mundo sin límites. Y después reconectar de nuevo con la política, porque la política es antes que nada la definición de la ley, lo que nos lleva  la pregunta por el propósito de la ley. ¿Es una ley hecha en interés de la mayoría o de una pequeña minoría? Creo que el desarrollo actual del movimiento por el decrecimiento es una señal de recomposición política que se está desplegando a escala internacional. El decrecimiento no es un asunto francés, el decrecimiento existe en América  Latina, América del Sur, existe en África y Asia. No necesariamente con la misma palabra pero sí con la misma esperanza. Cuando los indígenas hablan de “buen vivir”, cuando los africanos hablan de una vida buena. Al fin y al cabo esta misma búsqueda de un nuevo vocabulario para construir una emancipación. Una emancipación que sea beneficiosa, obviamente, para la mayoría de los humanos”
“Algo que tal vez caracteriza al decrecimiento es que rechazamos soluciones que solo sean válidas para el mapa hexagonal (Francia). Nosotros no queremos construir nuestro bienestar en detrimento de la mayoría de los pueblos. Pensamos que todos vivimos en el mismo planeta y que debemos y podemos salir de ésta todos al mismo tiempo. Pero no es una condena: al contrario es una esperanza extraordinaria. Promovemos el decrecimiento económico pero también el crecimiento en humanidad. Es lo que quiere resumir nuestro eslogan: menos bienes y más vínculos, más vínculos sociales, más vínculos humanos”
El decrecimiento hace cosas nuevas con cosas viejas. En cierto modo, conecta con un discurso religioso, la pobreza evangélica. El decrecimiento conecta también con aspiraciones multiseculares como el derecho a la pereza o el derecho de vivir y trabajar en tu tierra. Pero es cierto es que a estos movimientos les han roto la cara en la historia. ¿Qué podría hacer que este movimiento estuviera hoy en condiciones de ganar? Creo que hay dos cosas que debe  hacernos optimistas. En primer lugar lo que los sociólogos llaman la desmediación de la sociedad, el fin de las clases medias. Este fin puede ser lo peor si nos lleva al nihilismo, a  la desesperanza, el sentimiento de impotencia, pero eso puede ser fantástico si posibilita que una generación entera sepa que no tiene nada que esperar del sistema. Es lo que vemos hoy en Túnez, en Egipto y es lo que veremos mañana en Grecia y en España y espero que también en Francia. Y luego algo que también me hace ser optimista es la crisis ecológica. Esta crisis es creíble: vamos hacia la pared. Pero, al mismo tiempo nos impide postergar la cuestión histórica que es la repartición. Nos obliga a convertirnos en “compartidores” o bien a aceptar la barbarie que viene. No podremos conseguir el bienestar de la gente a pesar de ellos. La única cosa que podemos hacer como objetores del crecimiento es intentar construir soluciones con la gente y demorar que aunque no podemos cambiar este mundo, al menos podemos construir otro”
Sensato ¿no?

Elogio del catastrofismo

Damas y caballeros, me presento: soy un catastrofista. El catastrofismo en temas medioambientales tiene mala prensa. Se arroja a la cara del interlocutor como sinónimo de exageración, pesimismo y poca confianza en las posibilidades de la tecnología de evitar o al menos atenuar los efectos secundarios o las “externalidades negativas” de nuestro  maravilloso “modo de vida”.

Separemos aguas. Ser catastrofista no significa ser apocalíptico. La noción de Apocalipsis es religiosa. El catastrofismo se basa en las evidencias científicas y en el sentido común, contenidos totalmente ausentes de los enunciados apocalípticos. Un catastrofista es un optimista informado y, por lo tanto, indignado. Un decrecentista también.
Repito: soy, junto a muchos otros, un catastrofista. Y a mucha honra, aunque,  a veces, serlo me quita el sueño. El catastrofismo actual es casi lo inverso de aquella teoría geológica dominante en Europa en los siglos dieciocho y diecinueve que afirmaba que la tierra se formó súbitamente y de forma precisamente “catastrófica”. El catastrofismo actual, con fundamentos más biológicos que geológicos, afirma que las pruebas científicas disponibles apuntan hacia una desaparición más o menos repentina de muchos de los fundamentos de la vida sobre la tierra. Afirmamos que nos enfrentamos ahora a una reducción drástica de las probabilidades de continuación de las formas biológicas, como consecuencia de la intervención destructiva de una de las maneras posibles de organización de la vida colectiva de las sociedades humanas sobre la tierra: el productivismo.
Este productivismo, expresado a lo largo del siglo veinte como capitalismo industrial o como socialismo de Estado, produjo el mayor daño ambiental conocido y ha dejado a los habitantes de este planeta, a todos no sólo a los humanos, al borde del desastre. El catastrofismo no confunde los efectos antropogénicos con los efectos de las formas políticas, culturales y económicas de organización del animal humano. No es éste en sí mismo el dañino sino las formas contingentes de organización de su vida colectiva en medio de una biosfera finita. La historia medioambiental del siglo veinte muestra los antecedentes de la catástrofe previsible. “En el siglo veinte se cuadruplicó la población del mundo y su economía se multiplicó por 14, mientras que el consumo energético aumentó 16 veces y el factor de expansión de la producción industrial fue  de 40. Pero las emisiones de dióxido de carbono fueron 13 ves superiores y el consumo de agua se multiplicó por cuatro”  “Es evidente que no mantendremos durante mucho tiempo el ritmo del siglo veinte” (John R. Mc Nelly).
Los catastrofistas pensamos que existen posibilidades de enmendar el rumbo modificando tanto el imaginario productivista como las formas sociales de organización del trabajo, distribución de la riqueza y de relación con la naturaleza. Existen posibilidades culturales, tecnológicas y políticas pero, desgraciadamente, desconocemos sus probabilidades de éxito. A lo mejor los botones de la catástrofe ya han sido tocados. El catastrofismo, transformado en acción y voluntad política, forma parte de la razón decrecentista que trabaja en el estrecho margen que existe entre las posibilidades y las probabilidades de supervivencia.
Autor: Suricato